Decirte, de Silvia Salvador

Poemario ganador del II Premio Literario FusionArte en la categoría de Poesía.


DECIRTE

I

Decirte lo que fue

no sería suficiente.

Quizás un delirio,

quizás un espejismo,

una droga absurda

que envenena el alma

y abandona la razón.

Que te atrapa en una oscura telaraña

que te engaña

y te transforma en un ente

inerte, olvidado,

casi trasparente,

sin conciencia, sin sombra,

sin reflejo de quien fue,

sin esperanza de quien quiso ser.

Decirte lo que fue

¡Qué importará ya!

Si en cenizas convertiste

cada beso, cada gesto

abandonado en un atardecer

de la playa sin nombre.

Cada recuerdo y cada olvido

de todas tus palabras muertas,

despreciadas,

encadenadas a ti.

Sin querer y sin olvidar

porque es tu aire el que respiro,

el que ahoga mis silencios,

el que envenena mis palabras

y pudre cada centímetro de mi piel,

de mi alma.

Decirte lo que fue

palabras huecas, te diría

que no existe lugar ni espacio

que no me devuelva a ti.

Me engañaste,

me deje engañar.

Quizás sólo fue un sueño,

quizás fue...lo que quise que fuera.

Decirte lo que fue

jamás seria verdad.

Gritos impotentes,

deseos invadidos,

abismos sin ecos, sin voz,

donde gritar dejó de ser suficiente.


II

Decirte lo que perdí,

quizás, sí... perdí.

Todo sinónimo de ser humana.

Perdí el alma,

en las mentiras que no querías escuchar.

Perdí los silencios,

en verdades nunca respetadas.

Perdí las luces,

que iluminaban mis caminos.

Perdí las sonrisas cómplices, enamoradas.

Perdí las risas indiscretas

acompañadas y ausentes,

pequeños símbolos de grandes esperanzas

que no deseaban ser olvidadas.

Decirte lo que perdí,

me perdí.

Me perdí sin quererlo

pues casi sin querer entender la vida

me dispuse a vivirla,

a entregarla a cambio de nada,

a cambio de ti.

Me perdí sin amarlo,

sin reconocerme en tus ojos,

ni en el eco de tu voz.

Me perdí,

sin rehenes ni resistencia,

sin dudas ni razón,

sin silencios incómodos,

me perdí...

simplemente me perdí.

Perdí los sueños que te regalé

por cada lágrima, cada emoción,

vacía, hueca,

pérdida, también entre susurros,

susurros fríos, negados,

negados de verdad,

negados de mentiras

que ya no bastan,

que ya no me bastan.

Decirte que decidí,

decidí dejar de perder,

dejar de pensar,

que fue,

que pudo ser.

Y ahora, decidí.


III

Decirte que decidí

olvidar tu mentira y tu verdad,

tus lamentos gritados,

tus deseos ignorados.

Decidí olvidar mi angustia

y tus silencios.

Tus espacios desordenados,

y mis palabras opacas.

Decidí olvidarte,

por siempre, para siempre.

Decidí querer,

querer alejarme de ti

y de tu reflejo borroso

ausente,

cubriendo tus sombras apagadas.

Sombras de quien quisiste ser

y no cumpliste,

Ilusiones borradas, arrastradas

y, aun así, deseadas.

Decidí recordar

quien quiero ser,

lejos, muy lejos de ti.

Y cerré los ojos

y deseé recuperar los silencios

que gritaban libertad.

Recuperar las voces que esperaban mi nombre,

que desordenaban mi conciencia.

Y como heroínas

liberaban cada sombra.

Sombras valientes

que esperaron

a que saltará más lejos,

a que gritará más fuerte.

Cerré las puertas

que pusiste en mi camino

y decidí olvidarte.

Olvidar tu desprecio

para volver a ser

la que no quisiste ver,

la que no quisiste escuchar.

Más ahora,

recordarás mi nombre

y añorarás mi presencia.

Me buscarás en el vacío

de tu oscura habitación,

de tu enferma alma.

Serás tú,

el que llorarás cada instante,

el que anhelarás mi voz.

¿Y yo?

Lejos...muy lejos,

recuperando todo lo que perdí,

encontrando el camino

que grita mi nombre,

sin cadenas ni lamentos,

sin espacios en blanco

heridos de perdón.


IV

En la distancia

volví a recordarte.

No como el hombre que fuiste,

sino como la mujer que no me dejaste ser.

Sin miedo, ahora,

piso firme mi propia verdad,

grito alto para recordar

que eres una vieja versión

de inútiles debilidades

que temerosas de ver la luz

se esconden

en todo aquello que resulta grande, único.

Única soy,

y grande me convertiste,

sin ti, conmigo.